Estado de latencia: el regreso

He vuelto, o eso creo. ¿Cambiará de nombre? ¿Cambiaré de vida? ¿Me cansaré a los dos días? Sólo lo sabremos de una forma...

Nombre: Zuri Negrin
Lugar: Spain

En contínuo tránsito entre diferentes estados de ánimo y estados mentales, me he instalado con aparente comodidad en este estado de latencia... Un estado en el que la reflexión, las curiosidades, la cultura y un poco de todo se dan la mano... un estado tan variado como mi cerebro... tan real como el mundo...

lunes 24 de septiembre de 2007

Blanco nuclear

El sábado fue la archianunciada y súperguay Noche en Blanco. Después de la desastrosa primera edición, parecía que esta segunda iba a ser mucho más interesante, organizada y disfrutable. Pero claro, como todo en Madrid, siempre hay buenas intenciones que terminan llevándose a cabo de una manera pésima. Así, todo se convirtió en un verdadero caos en el que miles de personas copaban las calles, las colas kilométricas para ver gilipolleces (véase cola de veinte minutos para ver una microexposición de fotos del Banco de España en el Banco de España, sin poder visitar el resto del edificio), los tickets agotados, las chorradas conceptuales snobs que no entendía ni el propio autor, y el desastre del transporte, que se convirtió en una pesadilla.
Empecé la noche en la Puerta de Alcalá que tenía unas máquinas de humo que creaban una curiosa nube en medio de música operística. Todo muy bucólico si no fuera porque el denso tráfico circulaba a su alrededor ya que en esa zona no lo habían cortado. A partir de ahí, y con tanta gente como en las manifestaciones, bajamos hasta Cibeles. A nuestra derecha, en la Casa de América, unos círculos hechos con unas figuras extrañas y una voz recitando algo que no se entendía nada, pero que daba la impresión de ser muy snob. A la izquierda, en el Palacio de Telecomunicaciones, unas proyecciones incomprensibles. Snob, otra vez. Al otro lado, en el Banco de España, unas colas tremendas, y en frente, para los jardines militares, otro tanto de lo mismo. Decidimos esperar para ver el Banco de España, ya que nunca se puede entrar.
Una vez en la cola, de unos veinticinco minutos, escuchamos sonidos extraños que parecían sacados de una psicofonía, y descubrimos que se trataba de unas chicas con fonendoscopios que hacían ruidos y se los colocaban por el cuerpo, quedando el sonido amplificado para amenizar la espera. Quien dice amenizar, dice alargar insoportablemente. Una vez llegamos por fin a nuestra ansiada visita. Ansiada hasta un segundo antes de entrar, porque cuando llegamos, resultó ser una exposición fotográfica bastante mediocre, con fotos del Banco de España. ¡Pero si yo quiero ver el Banco de España! Al final, desistimos, y salimos corriendo de allí, tras un par de fotos y un vídeo.
Decidimos acercarnos a la Bolsa de Madrid, para saciar nuestra sed de visitas a lugares donde haya mucho dinero, ya sea real o virtual, y cuando estamos en frente, sorpresa, no hay colas. La sorpresa se hace aún más grande cuando vemos un precioso cartel en el que ponía que ya se habían agotado los tickets para las visitas. ¡Dos horas antes del cierre! Viva la Noche en Blanco. Ante esta desazón volvemos al Paseo del Prado y decidimos acercarnos al museo que tenga menores colas. Con mi inteligencia suprema, decido que seguro que el Reina Sofía será el más accesible y nos dirigimos a él. Por el camino, chorradas varias, aunque la mejor, las fotos de colas que poblaban el paseo, unidas a una "performance" donde la gente hacía cola por hacer cola. El colmo del snobismo absurdo. También en este camino aparecieron unos tipos haciendo chorradas con fuego, unas cabinas colocadas por Ouka Leele con fotos de trozos de cuerpo o unos ordenadores conectados a una pantalla en los que podías dejar mensajes. Yo iba a cagarme en la organización, pero había demasiada cola.
Cuando sorteando a la gente y a los buses conseguimos llegar al Reina Sofía, la entrada principal tenía, qué sorpresa, una monumental cola. Pero como soy inteligente y voy a este museo dos veces al mes, supuse que la entrada trasera estaría vacía, ya que siempre está vacía. Dimos la vuelta y, efectivamente, al entrar por el edificio Nouvel, además de unas proyecciones de caras megaguays y snobs (y van...) nos metimos al museo. ¡Por fin entramos a algo! Aprovechamos para ver la exposición del sobrevalorado Gordillo, del que el guía dijo que no podíamos decir si era bueno o malo porque no se parece a nada. A mí me parece muy malo, porque no me transmite nada más que "soy un artista paranoico que intento que mi nombre quede en la historia del arte haciendo cosas que nadie ha hecho". Debería preguntarse por qué nadie lo había hecho antes.
Tras colas para subir a los ascensores (donde tuve que lidiar con españolitos salvajes que si no fuera por la Noche en Blanco no pisarían nunca un museo), fuimos a la cuarta planta, luego a la exposición de Carlos Pazos (mi tercera vez), donde la guía nos explicó que el artista primero creaba los títulos de las obras y luego los construía. Me pareció muy interesante. Después de alucinar en colores mientras un salvaje tocaba un cuadro y otra daba golpes a una escultura -sí, aún hay seres con cerebro de chimpancé-, pasamos a la segunda planta y a su correspondiente visita guiada, una de las experiencias culturales más gratificantes que he podido disfrutar, ya que la guía que nos tocó era maravillosa, vivía los cuadros y el arte, y fue realmente encantadora. Sin ninguna duda lo mejor de la noche.
Extasiados, salimos del Reina Sofía casi a las tres de la mañana. Volvimos sobre nuestros pasos hasta Cibeles, observando por el camino las (de nuevo) kilométricas colas para coger los búhos, y me alegré, una vez más, de vivir en el centro. Buscando lo que podríamos hacer, decidimos ir hacia la Plaza Mayor, donde hacen visitas guiadas por Madrid hasta las cinco de la mañana (sí, desde el sábado me he vuelto adicto a las visitas guiadas), y por el camino nos encontramos... ¿un concierto de rock? ¡No! ¡Mil personas gritando mientras otros cantaban en el Singstar! Tanta cola y snobismo, y al final donde más disfrutaba la gente era en un karaoke gigante, ya que todos podían gritar y cantar a ritmo de botellón. Y lo cierto es que daba un buen rollo tremendo.
Tras ello, y entre miles de millones de personas (en serio, creo que ni en nochevieja vi tanta gente por Madrid), llegamos a la Plaza Mayor donde, oh, sorpresa, ya no quedaban tickets para las rutas guiadas, a pesar de que hasta las cinco había visitas cada quince minutos. Pues nada, mientras mirábamos a unos tipos de blanco tocando música, decidimos que la Noche en Blanco se puede acabar, ya que los pies no dan para más. Menos mal que decidí no ir al Matadero, ya que además de (más) colas kilométricas, hubo tanta gente que se suspendieron los últimos actos. Lo que se dice morir de éxito. Yo también casi muero, pero de pena. Espero que, por una vez, el ayuntamiento aprenda de sus errores y mejore un evento que dista mucho de lo que se espera de una gran capital europea, y se acerca más a un pueblo pretencioso.
PD: Las fotos las publico en breve, que estoy en el trabajo.

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3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

la noche en blanco es una mierda, además la mayoría de la gente es una inculta que luego, no me extraña que rompa todo y toque los cuadros, probablemente esos salvajes como dices era la primera vez que veian un cuadro

4:46 PM  
Anonymous awjana ha dicho...

por lo menos habéis podido ir, que los que vivimos lejos de Madrid no tenemos ni esas cosas.

genial el post zuri!

11:41 AM  
Anonymous Anónimo ha dicho...

pues yo me lo pase genial en la noche en blanco incluso con la lluvia visitamos la bolsa la puerta de alcala el jardin botanico y estuvimos al lado del culpable del evento ypor ultimo visitamos la real academia de san fernando

7:34 PM  

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